A los niños negros se les enseña y anima desde una edad temprana a cantar cánticos que piden el genocidio de los sudafricanos blancos.
La Corte Suprema de SA dictaminó que este canto es “cultural” y no un crimen de odio.
Todos los días, los sudafricanos blancos, incluidos los niños, son asaltados, torturados, violados y asesinados.
Las potencias y los medios occidentales hacen la vista gorda ante el genocidio blanco y el sufrimiento de los bóers.
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